Por Comunicaciones CECh – Obispado de Rancagua
La misa fue presidida por el Arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. René Rebolledo Salinas, junto al Nuncio Apostólico, Mons. Kurian Mathew Vayalunkal, el Obispo de Rancagua Mons, Guillermo Vera Soto, así como numerosos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, familiares, autoridades y fieles.
En su homilía, el Arzobispo Rebolledo recordó que el lema episcopal de Mons. Goic, “Cristo es mi vida”, fue el motor de toda su existencia y ministerio. “Nos congregamos, junto a la familia de don Alejandro, para dar gracias a Dios por la vida de este apreciado pastor, pedir por su descanso eterno y renovar el don de la fe, sabiendo que ni la muerte ni la vida, ni el presente ni el porvenir, nada nos separará del amor de Dios”, afirmó.
Iluminados por la Palabra
El Arzobispo explicó que las lecturas proclamadas ofrecen claves para comprender la vida de Mons. Goic: San Pablo, que llegó a afirmar “para mí la vida es Cristo”, muestra cómo la gracia transforma la existencia y la misión; el salmo nos recuerda que la Palabra de Dios es luz para el camino; y el Evangelio invita a creer en Dios y en Jesucristo, el Hijo que revela el rostro del Padre. “Estos textos —dijo— nos dan luces para leer la vida de don Alejandro.
Una vida entregada con generosidad
El Arzobispo destacó los diversos servicios pastorales de Mons. Goic: sacerdote de la diócesis de Punta Arenas, capellán de cárceles y vicario general; luego obispo auxiliar de Concepción y Talca, y posteriormente obispo de Osorno y Rancagua. También recordó su aporte a la Iglesia en Chile como presidente de la Conferencia Episcopal, en dos períodos, y como primer presidente del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas.
“En todos estos lugares entregó su vida con extraordinaria generosidad (…) Somos testigos de que buscó que Cristo crezca entre nosotros, con su viva espiritualidad, su acogida extraordinaria y su consistente compromiso con los más pobres”, señaló Mons. Rebolledo.
Cercanía y sensibilidad social
El presidente de la CECh subrayó que uno de los rasgos más distintivos del ministerio de Mons. Goic fue “el amor apasionado por el Señor, que lo urgía a evangelizar con el rostro vivo de la misericordia”. A este celo apostólico unía una profunda cercanía humana, con sencillez, buen humor y una actitud siempre conciliadora.
“Lo distinguió su profética sensibilidad social, la que era acorde con un compromiso vivo con los más postergados. Cómo no recordar su cercana compañía de quienes fueron perseguidos, especialmente en momentos complejos de nuestra historia nacional, o su propuesta del sueldo ético que nos interpeló fuertemente a todos. Para don Alejandro la preocupación por los excluidos estaba en lo más profundo de su corazón. No pocas veces, esta opción por los pobres, así como su actitud confiada hacia los demás, lo llevó a abrazar la incomprensión y el crisol de la cruz. Pero nada lo desanimaba porque la esperanza habitaba en su corazón como un don luminoso.”, afirmó Mons. Rebolledo.
Una espiritualidad marcada por Cristo
El Arzobispo recordó además un testimonio personal de Mons. Goic al cumplir 30 años de episcopado: “La fascinación por la persona de Jesucristo y su Evangelio ha sido esencial. Mi lema episcopal, “Cristo es mi vida”, marca mi ministerio. Es lo único que he anhelado y anhelo, más allá de mis fragilidades: que Cristo sea mi vida y el centro de todo”.
Ese amor a Cristo —añadió— se complementaba con una devoción entrañable a la Virgen María, la inspiración de san Francisco de Asís y la fuerza del testimonio de san Alberto Hurtado.
Acción de gracias y despedida
El Arzobispo de La Serena concluyó su homilía confiando a Mons. Goic a la intercesión de la Virgen, para que goce del banquete eterno del Padre: “Querido don Alejandro, sabiendo que para usted la vida fue Cristo, pedimos de corazón que la muerte sea su verdadera ganancia. ¡Descanse en la paz del Señor!”
+Alejandro Goic Karmelic: Una vida entregada a la Iglesia
Nacido en Punta Arenas, fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1966 en su ciudad natal. Durante sus primeros años ministeriales, se desempeñó como párroco de Nuestra Señora de Fátima y capellán de la Penitenciaría de Punta Arenas, además de vicario general de esa diócesis. Tras la muerte de monseñor Vladimiro Borić Crnošija (Obispo de Punta Arenas) en 1973, ejerció como vicario capitular hasta la llegada del nuevo obispo, monseñor Tomás González.
En el sur del país, le correspondió participar activamente en las gestiones que realizó la Iglesia católica chilena junto con su par argentina, para evitar un conflicto bélico en 1978, esfuerzo que culminó con el arbitraje papal. Entre 1975 y 1976 profundizó sus estudios de teología en la Abadía de San Andrés, en Brujas, Bélgica.
Camino episcopal
El papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de África y obispo auxiliar de Concepción en 1979. Recibió su ordenación episcopal el 27 de mayo de ese mismo año, en el Vaticano, de manos del propio pontífice, siendo el primer obispo chileno ordenado directamente por él. Posteriormente, en 1991, fue trasladado a la diócesis de Talca como obispo auxiliar, hasta que en 1994 fue designado obispo de Osorno.
Su vínculo con la diócesis de Rancagua comenzó en 2003, cuando Juan Pablo II lo nombró obispo coadjutor. Un año más tarde, tras la renuncia de monseñor Javier Prado Aránguiz, asumió como obispo, cargo que desempeñó hasta 2018.
Servicio en la Iglesia chilena
Además de su labor pastoral en las diócesis que encabezó, monseñor Goic ocupó un rol protagónico a nivel nacional. Fue presidente de la Conferencia Episcopal de Chile entre 2004 y 2010, y presidió el Consejo Nacional para la Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas desde 2011, promoviendo políticas de protección de menores y de ayuda a quienes sufrieron situaciones de abuso.
Monseñor Goic tuvo un importante rol, dando a conocer la opinión de la Iglesia en temas de contingencia y justicia social: su intervención favorable en la huelga de trabajadores de la Mina El Teniente del 2007 y su referencia al “sueldo ético” en 2009. También fueron tópico de preocupación “las desigualdades escandalosas”, la situación preocupante que viven los inmigrantes o los privados de libertad.
Recordado por su carácter sencillo y pastoral, monseñor Goic dedicó su vida a servir con cercanía a las comunidades, con un fuerte acento en la justicia social y el acompañamiento de los más vulnerables. Su paso por Punta Arenas, Concepción, Talca, Osorno y especialmente Rancagua, dejó huellas profundas en sacerdotes, laicos y familias que lo reconocen como un pastor cercano y comprometido.
La Iglesia de Rancagua y toda la comunidad católica chilena se une en oración por quien ha sido, por más de cinco décadas, un ejemplo de servicio y fidelidad al Evangelio.
CRISTO ES MI VIDA
“La vocación es un don de Dios. Desde los años de seminario y después, en toda mi vida sacerdotal y episcopal, he tenido la gracia de la cercanía de creyentes (sacerdotes, mujeres consagradas, diáconos y laicos) ejemplares en su fe, en su amor, en su entrega. De todos ellos he recibido mucho.
La fascinación por la persona de Jesucristo y su Evangelio ha sido esencial. Mi lema episcopal, “Cristo es mi vida”, marca mi ministerio. Es lo único que he anhelado y anhelo, más allá de mis fragilidades: que Cristo sea mi vida y el centro de todo. El amor a la Virgen María es fuente de espiritualidad.
La figura de san Francisco de Asís me motiva y conmueve. El testimonio y coraje de san Alberto Hurtado es inspiración y fuerza. Y tantos hermanos y hermanas ya fallecidos y tantos que hoy me animan y sostienen”, mons. Alejandro Goic Karmelic 27 de mayo de 2009.